1. Un viaje de sólo “ida”…

¡Hola, me llamo Fran
y soy “obeso“!

Mi nombre es Fran Santana, tengo 51 años, y “he sido obeso más del 80% de mi vida”.

Hasta que un día, el 23 de febrero de 2017, decidí que no quería ser obeso más.

¿La razón? Pues en un principio fue por una razón social: llevaba años engordando de forma exponencial, y la gente fue “muy muy pero que muy “cruel conmigo, recordándomelo en cada reunión, en cada salida de amigos, en cada curso al que asistía.

Poco a poco empecé a hundirme y aislarme. Dejé de salir para evitar los comentarios de los demás, nadie me preguntaba por mi vida, ni me felicitaba por mis logros, simplemente se basaban en decirme lo negativo: estaba engordando. Ni siquiera hubo un comentario en plan “deberías acudir a un especialista por tu salud”, sino, “estás engordando”.

Tal fue mi aislamiento que empecé a no aceptarme. Empecé a evitar verme reflejado en el espejo. Durante más de dos “eternos” años me duché con la luz apagada, con una vela en el suelo, para evitar verme reflejado en aquel maldito espejo del baño. Ahí llegué. Pensé que ya no me quedaba nada que hacer en la vida: había estudiado mucho de joven, trabajé mucho de adulto, me casé, tuve hijos, tuve muchos logros profesionales, y pensé que ya sólo bastaba con dejarme llevar hasta el fin de mis días. Mi cuerpo no tenía ganas de nada: me levantaba por la mañana, iba a trabajar, comía, llegaba a casa, dormía un rato y volvía a trabajar hasta la noche. Así estuve unos 5 años.

Pero aquel 23 de febrero de 2017, decidí que no quería seguir dejándome por el declive de mi vida, y decidí embarcarme en este viaje, un “viaje de sólo ida“, tal y como le dije a mi nutricionista la primera vez que la ví.

Porque exactamente fue lo que hice: decidir emprender un viaje, un one way ticket” journey, en el que decidí comenzar a “aprender a comer”, o mejor dicho, tal y como me corrigieron después, a “aprender a nutrirme”, porque , como aprendí,

Un cuerpo bien nutrido, terminará con el peso adecuado, es decir, “el cuerpo está diseñado para eliminar lo que no necesita” si no pasa hambre y si recibe los nutrientes adecuados.

La primera nutricionista a la que acudí me dijo el primer día: “alguna enfermedad?” y le respondí “no”, a lo cual me corrigió: “no que va: es usted obeso”. Ahí aprendí la primera lección: la obesidad es una enfermedad, una enfermedad que en mejor de los casos se puede “controlar” aunque no eliminar. Y eso es lo que he hecho durante este año: no he eliminado mi obesidad, supongo que seré un “obeso” toda la vida, pues mi cuerpo, genéticamente, tiende a engordar si no lo cuido.

Lo que he conseguido es a tener controlada mi obesidad, con buena nutrición y ejercicio.

La especialista a la que acudí me preguntó también : “¿por qué ha venido a mi consulta?”. De forma “impulsiva” respondí: “no me reconozco ya ante el espejo”. Es una frase que yo me repetía cuando fatídicamente me tropezaba con uno: “no me reconozco”, y de forma automática “apartaba mi mirada instantáneamente”. Ella me dijo que lo entendía, y que era importante que entendiera que su misión no era “hacerme bajar kilos” sino enseñarme a nutrir bien a mi cuerpo. Adelgazar sería un efecto colateral, ya que el cuerpo, si estaba bien nutrido, eliminaría el exceso de grasa, sobre todo al principio, con una buena nutrición con bajo contenido calórico, pero que al final “podría comer de todo” de forma moderada, y equilibrada.

Pues bien, como resumen, les diré que durante este viaje, básicamente, he llegado, a día de hoy, a lo siguiente:

  • Aprender a nutrirme, distinguiendo qué alimentos son los que debo ingerir, pensando en sus propiedades y en el bien que me hacen, y dejar de comer por lo que me apetece.
  • Aprender qué alimentos no debo ingerir, por no ser adecuados ni aportar los nutrientes que mi cuerpo necesita.
  • Aprender a hacer ejercicio diario: al igual que comemos a diario, debemos consumir energía a diario. Es una ecuación matemática: si ingerimos más cantidad de energía (kcalorías) de las que consumimos, las almacenamos. Regla importante. No hace falta un ejercicio drástico, ni de impacto. Lo más importante es ser constante, y un ejercicio moderado, pero continuado. Jamás fui deportista, fui el “niño gordito que se escondía tras la columna en la clase de gimnasia”. Pero me considero, actualmente, un hombre “moderadamente deportista“, llegando a utilizar la bicicleta a diario (unos 10-15 km al día), y haciendo una clase de AquaGym de 45 minutos al día, 7 días a la semana (incluidos sábados y domingos).

De cada punto de este “viaje” iré hablando en esta web, que simplemente espero sirva a quienes necesiten encontrar un camino y una esperanza en el control de su obesidad.

No es mi objetivo dar a nadie las pautas de lo que debe hacer con su cuerpo, ni indicarles lo que deben comer, ni el ejercicio que deben hacer. No soy un especialista en la materia, así que jamás me atrevería a hacerlo. Simplemente pretendo mostrar mi experiencia por si alguien necesita un mensaje positivo, incluso una guía de esperanza, que le haga acudir a un especialista (en mi caso acudir a un nutricionista) y que le guíe “profesionalmente” en este camino. Como objetivo secundario, creo que ejecutar esta necesidad de compartir este proceso por el que muchos me preguntan.

Por cierto: a día de hoy llevo perdidos 58 60 kilos. ¿empiezo a contarles cómo lo he conseguido?


¡Espero mi experiencia les ayude!